El crack del Barça pasó como un ciclón por el partido. Firmó un gol de pícaro y dejó su sello en varias jugadas. El crack del Atlético desapareció.
Lo pudieron ver todos los aficionados y aficionadas al fútbol. Hoy por hoy, Leo Messi está un peldaño, por lo menos, por encima de Sergio Agüero. Lo demostró anoche el barcelonista, en un partido de aquellos que se van a recordar durante mucho tiempo por los goles, la belleza de las jugadas y la atmósfera que se respiró en un Camp Nou que, perplejo, no daba crédito a lo que sucedió, especialmente, en la primera hora del choque.

Messi fue más, mucho más que Agüero. El duelo entre argentinos había polarizado el envite y la verdad es que el delantero del FC Barcelona estuvo a la altura de las circunstancias, no así el punta del Atlético de Madrid, que pasó por el césped del Camp Nou de puntillas, sin asomar apenas la cabeza (¿jugó Agüero?). De todas formas, en honor a la verdad, poco pudo hacer el Kun y el Atlético ante el huracán barcelonista que ayer les asoló sin tregua en los primeros 45 minutos.
En consecuencia, visto lo visto anoche en el coliseo barcelonista, el debate está más que zanjado. Por lo menos, aparcado hasta que Agüero vuelva a despegar. De momento tendrá que seguir a la sombra del rey, del mejor jugador del mundo que viste de azul y grana.
Prueba de que Messi estuvo más acertado que su compatriota fue el tiempo que permanecieron uno y otro sobre el campo. El barcelonista estuvo 70 minutos. El rojiblanco, sólo 57. Y fue despedido con silbidos porque pasó como una sombra en la noche. El barcelonista abandonó el rectángulo de juego ovacionado. Una salva de aplausos que merecía y que Guardiola, muy inteligentemente, le reservó para que degustara la calidez de los aplausos de la afición en el cambio.
De Messi, que marcó un gol (el tercero, de auténtico pícaro al transformar una falta con rapidez en la que nadie había pedido la formación de la barrera) y firmó un slalom en perpendicular que dejó boquiabierto al estadio, que se hubiera venido abajo en caso de anotar, sólo se vieron acciones brillantes, espectaculares, para enmarcar... Pero no todo fueron alegrías. En el minuto 31 recibió una brutal entrada de Antonio López, en el muslo derecho, que le marcó a sangre. Fue el peaje que tuvo que pagar por sus imparables incursiones por la banda derecha del ataque local.
Messi comentó anoche que “el equipo no sufre messidependencia” porque “jugamos bien, con ritmo e intensidad. Somos un gran equipo”.